Cómo han cambiado los hoteles: de viajar por necesidad a viajar para vivir experiencias

Hubo un tiempo en el que alojarse en un hotel era, sencillamente, una necesidad.

Había que dormir porque el viaje era demasiado largo. Había que encontrar un lugar donde descansar después de varias horas en carretera. Un representante comercial necesitaba una habitación para continuar su ruta al día siguiente. Una familia buscaba alojamiento porque se desplazaba a otra localidad. Y quienes acudían a una feria, una celebración o un acontecimiento necesitaban simplemente un lugar donde quedarse.

Hoy seguimos necesitando una cama cómoda, una buena ducha y un lugar tranquilo donde descansar, por supuesto.

Pero queremos algo más.

Ya no viajamos únicamente para llegar a un destino. Viajamos para vivirlo.

Y esa transformación también ha cambiado profundamente la forma de entender un hotel.

Antes, el hotel era una parada. Hoy puede formar parte del viaje

Durante buena parte del siglo XX, viajar no era tan sencillo como ahora.

No existían las reservas desde el teléfono móvil, no podíamos consultar decenas de opiniones antes de elegir alojamiento y tampoco teníamos un mapa en el bolsillo que nos indicara dónde comer, qué visitar o cuánto tardaríamos en llegar.

El viaje se preparaba de otra manera.

Una guía, una recomendación, una llamada telefónica o incluso el consejo de alguien que conocía la zona podían determinar dónde dormir.

Los hoteles tenían una función muy concreta: ofrecer alojamiento, comida y descanso a quienes estaban de paso.

Y en muchas ocasiones eran también lugares de encuentro.

Con el desarrollo de las carreteras, el automóvil, el turismo y los desplazamientos por motivos profesionales y familiares, los hoteles fueron adquiriendo cada vez más importancia.

De la libreta de reservas a reservar desde el móvil

Hay algo que resume perfectamente este cambio: la manera de reservar una habitación.

Durante décadas, reservar significaba llamar por teléfono o acercarse personalmente al establecimiento.

Después llegaron las agencias de viajes, los folletos, los catálogos y las primeras herramientas digitales.

Y hoy podemos reservar una habitación desde cualquier lugar y prácticamente en cualquier momento.

Antes de hacerlo podemos conocer la ubicación exacta, consultar fotografías, leer opiniones, comparar precios y comprobar los servicios disponibles.

El huésped actual llega al hotel con mucha más información.

Y también con unas expectativas diferentes.

¿Qué buscamos hoy cuando elegimos un hotel?

La habitación sigue siendo importante.

Pero ya no es lo único.

Queremos ubicación, comodidad, conexión a internet, facilidad de acceso, aparcamiento, buena atención y servicios que hagan más sencilla la estancia.

En el caso del Hotel Odón, por ejemplo, su ubicación en Cocentaina permite utilizarlo como punto de partida para descubrir la localidad, la comarca y espacios naturales como la Serra de Mariola. Además, cuenta con servicios pensados tanto para viajeros como para quienes acuden por motivos profesionales o a eventos.

Y ahí aparece un concepto que hace unas décadas tenía mucho menos peso:

la experiencia.

Ya no queremos simplemente dormir

Imagina dos viajes.

En el primero llegas a un hotel, dejas la maleta, duermes y al día siguiente continúas tu camino.

En el segundo llegas a Cocentaina, descubres su casco histórico, visitas el Palau Comtal, paseas por sus calles, pruebas la gastronomía de la comarca y terminas el día descansando en el hotel.

En ambos casos has dormido en una habitación.

Pero solamente en uno el alojamiento forma parte de la experiencia del viaje.

Esa es probablemente una de las grandes transformaciones de la hotelería.

Los hoteles también cuentan cómo viajábamos

Las fotografías antiguas de hoteles permiten ver mucho más que edificios.

Nos hablan de cómo vestíamos, cómo viajábamos, cómo pasábamos nuestro tiempo libre y qué entendíamos entonces por vacaciones.

Una fotografía del Hotel Pez Espada de Torremolinos tomada en 1961, por ejemplo, muestra un concepto de turismo muy diferente al actual: grandes terrazas, jardines, espacios comunes y una arquitectura pensada para ese nuevo turismo que comenzaba a desarrollarse con fuerza en España. La imagen forma parte del fondo fotográfico de la Universidad de Zaragoza y está disponible bajo licencia Creative Commons BY-SA 2.0.

Algo parecido ocurre con las fotografías del Hotel Formentor, en Mallorca, fechadas alrededor de 1960. Una de ellas muestra el propio hotel y otra su terraza, con huéspedes disfrutando de un espacio que ya entendía el alojamiento como algo más que una habitación donde pasar la noche.

Son imágenes que hoy nos resultan curiosas precisamente porque nos permiten viajar al pasado.

Y entonces llegaron las experiencias

Con el paso de las décadas, el turismo fue cambiando.

Las vacaciones dejaron de ser patrimonio de unos pocos y cada vez más personas pudieron viajar. Los fines de semana comenzaron a convertirse también en una oportunidad para hacer una escapada.

Y aparecieron nuevas formas de viajar:

  • Turismo gastronómico.
  • Turismo cultural.
  • Turismo de naturaleza.
  • Escapadas de fin de semana.
  • Viajes deportivos.
  • Turismo de eventos.
  • Viajes de negocios.
  • Experiencias relacionadas con fiestas y tradiciones.

Cocentaina y el interior de Alicante encajan especialmente bien en esta nueva forma de viajar.

Aquí el visitante puede combinar patrimonio, naturaleza, gastronomía, cultura y tradiciones sin necesidad de recorrer grandes distancias.

El Hotel Odón, además, ha estado vinculado durante décadas a viajeros de negocios, eventos deportivos, celebraciones y acontecimientos locales, formando parte de esa evolución de la forma de alojarse y disfrutar de Cocentaina.

Del recepcionista que conocía al huésped al hotel hiperconectado

Hay otra transformación que merece la pena destacar.

Antes, la relación con el hotel era principalmente personal.

Llegabas, hablabas con recepción y preguntabas.

Hoy podemos hacer buena parte del proceso antes incluso de cruzar la puerta.

Consultamos disponibilidad, reservamos, recibimos confirmaciones, buscamos cómo llegar y podemos conocer los servicios del establecimiento desde nuestro teléfono.

Pero hay algo que no ha cambiado.

Seguimos valorando que nos reciban bien.

La tecnología ha cambiado la manera de reservar un hotel, pero no ha conseguido sustituir algo tan sencillo como sentirse bien atendido.

Y quizá esa sea una de las pocas cosas que permanecen intactas después de tantas décadas.

El futuro de los hoteles será todavía más experiencial

Probablemente los hoteles seguirán incorporando tecnología, automatización y nuevos servicios.

Pero el reto será conseguir que toda esa tecnología no haga que la experiencia sea más fría.

Porque cuando viajamos buscamos comodidad, pero también recuerdos.

Una conversación inesperada.

Un lugar que descubrimos por casualidad.

Una comida que no esperábamos.

Una fiesta local.

Un paisaje.

Una fotografía.

O simplemente la sensación de haber encontrado un buen lugar desde el que descubrir un destino.

El hotel como parte de la historia

Los hoteles han cambiado muchísimo.

Han cambiado las habitaciones, las reservas, la tecnología, los servicios y las expectativas de los huéspedes.

Pero su esencia continúa siendo bastante parecida:

recibir a personas que están lejos de casa y ofrecerles un lugar donde sentirse cómodas.

En el Hotel Odón, en Cocentaina, esa historia continúa.

Porque alojarse hoy no consiste solamente en encontrar una habitación para pasar la noche.

También puede ser encontrar un punto de partida para vivir el destino.

Y quizá esa sea la gran diferencia entre viajar antes y viajar ahora:

antes buscábamos dónde dormir. Hoy buscamos dónde vivir la experiencia.

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